Hace algún tiempo me tope con esta palabra portuguesa que describía bastante bien lo que sentí al pisar nuevamente un lugar con bastantes recuerdos para mí.
La humedad del aire que se colaba por mi nariz, ese sol que parecía acariciar mi piel convirtiéndome en una especie de piel roja, pero ahora sin el peso de un gran equipaje, ni unas botas llenas de barro. Sin embargo nada de eso era lo que realmente extrañaba del lugar. Si tuviera que apostar por algo, extrañaba la versión de mi en aquel modesto pueblo hace unos años, algo más optimista y con bastantes defectos por trabajar, aunque con un semblante alegre y con lugares por reencontrar.
Extrañaba algo que tal vez nunca regresaría (lo cual no fue el caso afortunadamente), sin embargo me llevo a toparme con esta palabra y algunas más que no tienen una traducción a nuestro idioma, así que simplemente se adaptan.