El año 2020 fue difícil en muchos sentidos para todos, económicamente, la zozobra de un futuro incierto enmarañado por nuestra naturaleza de querer controlarlo todo. Para mis personas amadas y para mí, fue un año de cambios, entendimientos, aceptaciones y despedidas. Vernos pequeños ante la vida, nos colocó nuevamente en el plano real de cuan privilegiados somos por cada día que estamos respirando o al menos a mí que amo la vivir lo veo de esta manera.
Algunas noches del año de la pandemia, volvió mi insomnio, ese que se había arraigado cuando llegué de prestar servicio militar en el 2014. Lo extraño del asunto es que esas semanas, varias de mis personas amadas tuvieron muchos problemas para dormir, sus mentes iban a mil por hora y sin freno existente. Sus miedos se habían transmutado en demonios palpables.
¿Por qué retornar a esta imagen? Bueno, mi insomnio volvió este año y no me dejo en paz durante dos semanas. El poco o nulo tiempo libre que tuve, lo use para salir con las personas que son importantes para mí, y allí regreso a mi memoria esta ilustración. Con todo lo que he aprendido en estos dos años, me puse manos a la obra a terminar la imagen como desde hace años la había concebido. Fue el segundo movimiento de esta imagen que siempre me recuerda que los cambios y la vida son incontrolables, solo como los enfrentamos esta en nuestro poder.